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¿Qué dicen de la vida consagrada los últimos papas?...

PIO XII

Vírgenes cristianas, «la porción más gloriosa del rebaño de Cristo», a impulsos del amor, menospreciando todas las solicitudes del mundo, como ajenas a él, y superando la división del corazón, tan cómoda como llena de peligros, no solamente se consagraron del todo a Cristo como a verdadero Esposo de las almas, sino que entregaron para siempre su vida, adornada con las joyas de todas las virtudes cristianas, al servicio de Jesucristo y de su Iglesia.

La vida contemplativa de las Monjas, debe conservarse como algo firme e inviolable lo que siempre estuvo en vigor según la mente de la Iglesia, a saber: que todos los monasterios de Monjas deben profesar canónicamente, siempre y en todas partes, la vida contemplativa como su fin primario y principal. Por lo cual, los trabajos y ministerios a los que las Monjas pueden y deben dedicarse, han de ser tales, y de tal manera han de ordenarse y disponerse cuanto al lugar, tiempo, modo y método, que no sólo quede a salvo la vida contemplativa, sólida y verdadera, de toda la Comunidad y de cada uno de sus miembros, sino que sea continuamente alimentada y fortalecida.

 “Porque hay eunucos que nacieron así del seno materno, y hay eunucos que fueron hechos tales por los hombre, y hay eunucos que se hicieron tales a sí mismos por el Reino de los Cielos. Quien pueda entender que entienda.” (Mt 19, 12)
«Como los Santos Padres y los Doctores de la Iglesia enseñan, la virginidad no es virtud cristiana, sino cuando se guarda por amor del reino de los cielos, es decir, cuando abrazamos este estado de vida para poder más fácilmente entregarnos a las cosas divinas, alcanzar con mayor seguridad la eterna bienaventuranza y dedicarnos con más libertad a la obra de conducir a otros al reino de los cielos ”De la Encíclica “Sacra Virginitas”, pp. 12 y 13.

JUAN XXIII

¡Qué Preciosa es la vida contemplativa a los ojos de Dios y de la Iglesia!.  Constituye una de las estructuras fundamentales de la Santa Iglesia; ha estado presente en todas las fases de la historia dos veces milenaria, siempre fecunda en virtudes sólidas, siempre dotada de misterioso y poderoso atractivo sobre las más elevadas almas. 
«La búsqueda del rostro de Dios atraviesa la historia de la humanidad, llamada desde siempre a un diálogo de amor con el Creador

PABLO VI

De la Exhortación apostólica “Sobre la renovación de la vida religiosa”,
«Considerad pues cualquier otra actividad, a la que no obstante debéis atender – relaciones con los hermanos, trabajo desinteresado o remunerado, necesario descanso – como un testimonio, ofrecido al Señor, de vuestra íntima comunión con Él para que os conceda aquella pureza de intención unificante, tan necesaria para encontrarlo en el momento mismo de la oración. De este modo contribuiréis a la extensión del Reino de Dios, con el testimonio de vuestra vida y con una misteriosa fecundidad apostólica

Algunos de vosotros habéis sido llamados a la vida, denominada contemplativa. Una atracción irresistible os arrastra hacia el Señor. Asidos fuertemente por Dios, os abandonáis a su acción soberana que os levanta hacia El y os transforma en El, mientras os prepara para la contemplación eterna, que constituye nuestra común vocación. ¿Cómo podríais avanzar a lo largo de este camino y ser fieles a la gracia  que os anima, si no respondierais con todo vuestro ser, por medio de un dinamismo cuyo impulso es el amor y esta llamada que oriente de manera permanente hacia Dios?. Considerad pues cualquier otra actividad a la que no obstante debéis atender(relaciones con los hermanos, trabajo, descanso) como un testimonio, ofrecido al Señor, de vuestra íntima comunión con Él.
De este modo contribuiréis a la extensión  del Reino de Dios, con el testimonio de vuestra vida.

JUAN PABLO I
De la carta a Sta. Teresa de Lisieux, en “Ilustrísimos señores”, pág 181 a 186.
«Tú has escrito: “El amor no consiste en los sentimientos, sino en las obras”. Pero añadiste: “Dios no tiene necesidad de nuestras obras, sino solamente de nuestro amor”. ¡Perfecto! […] Ver el rostro de Cristo en el del prójimo es el único criterio que nos garantiza un amor serio a todos, más allá de antipatías, ideologías y simples filantropías. […] Quien ama seriamente a Cristo no puede negarse a amar a los hombres, que son hermanos de Cristo.”
Termina la carta con el “cuento del irlandés”: “el irlandés del cuento que muere repentinamente y comparece ante el tribunal divino, estaba muy preocupado, pues el balance de su vida era más bien deficitario. Como había cola, se puso a observar y escuchar. Tras haber consultado el gran fichero, Cristo le dice al primero: «Veo que tuve hambre y me diste de comer. ¡Muy bien!, ¡entra en el paraíso!» Al siguiente: «Tuve sed y me diste de beber». A un tercero: «Estuve preso y me visitaste». Y así sucesivamente. Por cada uno que era destinado al paraíso, el irlandés hacía examen y hallaba algo de qué temer; ni había dado de comer, ni de beber, no había visitado ni a presos ni a enfermos. Llegado su turno, temblaba, viendo a Cristo examinar el fichero. Pero, mira por dónde, Cristo levanta la vista y dice: «No hay mucho escrito. Sin embargo, también tú hiciste algo: estaba triste, decaído, postrado y tú viniste y contaste unos cuantos chistes que me hicieron reír y me devolvieron el ánimo. ¡Al paraíso!» ¡Gracias Señor por tu misericordia!

JUAN PABLO II

La persona Consagrada encuentra en la Virgen el “Discurso a las monjas de clausura sobre la vida contemplativa y la clausura de la monjas. ” (Nairobi, 7 de mayo de 1980), citado en Verbi Sponsa, Instrucción
«En vuestra vida de oración se continúa la alabanza de Cristo a su Eterno Padre. La totalidad de su amor al Padre y de su obediencia a la voluntad del Padre, se refleja en vuestra consagración radical por amor. Su inmolación abnegada a favor de su Cuerpo, que es la Iglesia, se expresa en el ofrecimiento de vuestra vida unida a su sacrificio”.»
«Las contemplativas se conforman a Jesucristo en oración sobre la montaña y a su misterio pascual, que es una muerte para la resurrección.» Verbi Sponsa, p. 15:
En realidad la Vida consagrada Está en corazón mismo de la Iglesia como elemento decisivo para su misión.
La contemplación de hombres y mujeres, son para la Iglesia un motivo de gloria y una fuente de gracias celestiales. Con su vida y su misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura.
En la soledad y el silencio, el culto divino, la ascesis personal, la oración, la mortificación, la comunión fraterna orientan su vida y actividad a la contemplación de Dios.

BENEDICTO XVI

La vida contemplativa atrae frente al estrés de este mundo, presentándose como un oasis en el que se puede vivir realmente.
La situación histórica confiere cierta atracción hacia la vida contemplativa.
La Iglesia os necesita también hoy, porque reconoce en ella el testimonio elocuente del primado de Dios, la constante alabanza, adoración, servido y amado con toda la mente, con toda el alma y con todo el corazón.
La vocación no es fruto de ningún proyecto humano, estrategia organizativa. En su realidad más honda, es un don de Dios, una iniciativa misteriosa e inefable del Señor, que entra en la vida de una persona cautivándola con la belleza de su Amor y suscitando consiguientemente una entrega total y definitiva a ese Amor divino.
Jesús invitó al joven rico a dejarlo todo y seguirlo a El , pero él se marchó triste. También a mí me cuesta seguirlo porque tengo miedo de dejar mis cosas, me pide renuncias difíciles ¿cómo puedo encontrar las fuerza para las decisiones valientes y quien me puede ayudar? Dios. También en el vivir mismo, el arte, el deporte exige renuncias para encontrar el camino.
En este sentido parece debemos  ver que un “no” a ciertas cosas nos hace crecer en un gran “si” a la verdadera vida.
Como lo vemos en las figuras de los santos, pensemos en S. Francisco de Asís….

FRANCISCO
«La búsqueda del rostro de Dios atraviesa la historia de la humanidad, llamada desde siempre a un diálogo de amor con el Creador.»
De la Constitución apostólica “Vultum Dei Quaerere”, p. 7, que cita Conc. Ecum. Vat. II, en varias fuentes.
«La vida contemplativa monástica, en su mayoría femenina, se ha radicado en el silencio del claustro generando preciosos frutos de gracia y misericordia. […] ha representado siempre en la Iglesia y para la Iglesia el corazón orante, guardián de gratuidad y de rica fecundidad apostólica
De la Exhortación apostólica “Evangelii Gaudium” (La alegría del Evangelio) – último capítulo: “ Evangelizadores con espíritu” – pp. 212 y 213.
“En todas mis oraciones siempre pido con alegría por todos vosotros […] porque os llevo dentro de mi corazón” (Flp 1, 4-7)
“Doy gracias a mi Dios todas las veces que me acuerdo de vosotros” (Flp 1,3)
«…Así descubrimos que interceder no nos aparta de la verdadera contemplación, porque la contemplación que deja fuera a los demás es un engaño. […] Es la gratitud que brota de un corazón verdaderamente atento a los demás. […] La intercesión es como la “levadura” en el seno de la Trinidad. Es un adentrarnos en el Padre y descubrir nuevas dimensiones que iluminan las situaciones concretas y las cambian. Podemos decir que el corazón de Dios se conmueve por la intercesión, pero en realidad Él siempre nos gana la mano, y lo que posibilitamos con nuestra intercesión es que su poder, su amor y su lealtad se manifiesten con mayor nitidez en el pueblo

«Las comunidades contemplativas, con su separación del mundo se encuentran más íntimamente unidas a Cristo, corazón del mundo». Sigue el Papa Francisco, citando el. signo que indica un camino, una búsqueda, recordando al pueblo de Dios el sentido primero y último de lo que él vive».

Final del año de la misericordia
Gracias Señor por tu misericordia!

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