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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México XIV

Las cosas de las capuchinas mejor es dejarlas que las escriba el que las envía, que las pondrá de mejor nota que yo. Que les aseguro a vuestra reverencia que cuando no fuera más de lo que hubo que ofrecer a Dios en la partida de nuestro padre y quedarse en una tierra a donde no se conoce a nadie que se pasa harto encogimiento”.

Sor María Felipa a Sor Ana María.
Cádiz, 12 junio 1.665.

Llega, por fin el día tan esperado de salir de su convento de Toledo para emprender el viaje que les llevará a las 6 capuchinas a nuevas tierras para sembrar la primera semilla del carisma clariano-capuchino y extender el Reino de Dios. El día escogido fue un 10 de mayo de 1665; parientes y amigos acudieron a la puerta del convento para despedir a dichas hermanas. El alcalde de la Corte y corregidor de Toledo, don Miguel Muños, también estuvo presente. Ante la ausencia de don Luis de Morales, obispo auxiliar y superintendente general, se autorizó al doctor don Pedro González de los Quentas para que estregase ante notario a las seis religiosas a don Francisco de Villarreal, su  confesor, que fue elegido para acompañarlas en su largo camino hasta Cádiz.
   
Muy conmovedor y lleno de significado fue la salida de su convento de las fututas fundadoras; así don Pedro González de las Quentas, desde la puerta reglar, fue nombrándolas según aparecían en las licencias. La primera fue Sor Clara, que era la única de fuera de coro. Ella inclinándose de rodillas, pidió la bendición de la madre abadesa, después la abrazó, siguiendo después a todas las hermanas de la comunidad y tomando un Santo Cristo en las manos salió de la clausura. Sucesivamente, hicieron lo mismo las demás: Sor María Felipa, Sor Lorenza Bernarda, Sor María, Sor Teresa María, Sor Jacinta Juana, terminando como la primera, con el abrazo de un adiós de una dolorosa separación que sabían que no tendrían término. El tiempo se prolongó con la despedida de parientes y amigos quienes les manifestaban sincero amor y el deseo de retenerlas con ellos por más tiempo, hasta que intervino la autoridad del Corregidor para que la gente diese lugar a que las madres tomasen su coche. 

Al principio habían pensado que fuesen en dos coches, para su comodidad, pero ellas suplicaron a don Francisco de Villarreal que no las separara, pues tendrían gran consuelo en ir todas juntas. Iba además otro coche de acompañamiento. Un capellán, un mayordomo, una devota mujer que las asiste y cuatro criadas que, junto con los cocheros y litereros hacían un decoroso acompañamiento; caballeros toledanos fueron a caballo con la comitiva durante algún trayecto, como era costumbre, así como señoras toledanas y familias de las fundadoras.

Imaginemos los caminos de España en el año 1665, eran difíciles y malos; apenas se percibía su trazado en las llanuras pero el problema y la dificultad del tránsito se acentuaba en sierras y vericuetos, así como el peligro de bandoleros y salteadores de los que no carecían los Montes de Toledo y Sierra Morena…

Sor Marta Leticia

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