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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México XLII


Día de Santa Brígida (8 de Octubre) entramos en esta ciudad tan deseada y que tantos trabajos nos ha costado. Pero por haber hallado que hay tanta caridad y devoción para nuestra Religión se puede dar por bien empleado. Y crea que se ha dado Dios por servido que hayan salido de ese vergel, tan de su gusto, estas seamos de ella y es cosa que lo ponderan mucho”.
                                                             Sor Lorenza Bernarda a sor Victoria Serafina.
                                                                                          México, 13 octubre 1.665.

Primera decepción: los patronos no esperaban a las monjas
Diecisiete días, diecisiete largos días, descansaron las monjas, y ello no por su voluntad, en Veracruz antes de acometer la última etapa de su camino. Alojadas por el gobernador en su casa, procuró éste hacerles la espera lo más agradable posible; y la gobernadora, doña Ana Francisca de Zúñiga y Córdoba, conocedora de la necesidad que habían pasado durante la larga travesía por carecer de ropas de remuda, les dio sus propias sábanas para que se hicieran tocas y lo que hubieran menester.

Ella misma les servía la comida en el aposento acomodado para las monjas; logrando así, que estuvieran retiradas del bullicio de la casa. Las madres procuraban cumplir sus horarios, seguir sus rezos, hacer sus recreaciones, tener sus ratos de labor; ceñirse, en resumen y dentro de lo posible, a su estilo de vida, Regla y constituciones. Por supuesto, todo ello alterado por numerosísimas visitas, a las que había que atender. Sí, no era frecuente que seis monjas –en este caso, seis “pobres capuchinas”, como solían llamarse a sí mismas –vinieran desde España, desafiando los múltiples peligros del viaje, para fundar un nuevo convento, primero de su orden, en la ciudad de México. Sin duda, todo un acontecimiento singular y digno de admiración. En esta breve estancia no podían dejar de intentar comunicarse con su convento toledano y desde Veracruz empiezan a enviar sus cartas a Toledo. Son páginas vivas de su pequeña historia, de sus impresiones, de sus primeros encuentros con nuevas tierras, con nuevas gentes, con nuevos estilos de vida. Es a través de sus líneas, como vamos a conocer su próxima andadura hasta México, “esa ciudad tan deseada”, en palabras de sor Lorenza Bernarda.

Emilia Alba (Fundación del convento san Felipe de Jesús de Clarisas Capuchinas en Nueva España)

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