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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México VI

… El día 13 del mismo mes, el arzobispo es informado por los albaceas del legado que dejó doña Isabel de la Barrera; inmediatamente éste mandó sacar copias autorizadas de las cláusulas fundacionales para enviarlos a las capuchinas de Toledo. Los envía por diferentes caminos y van acompañadas con cartas suyas, exhortándolas a emprender la fundación tan esperada lo más pronto posible, ofreciéndoles su ayuda como padre y prelado suyo. También iban acompañadas las dichas cartas por otras de Fray Alonso de la Barrera, religioso dominico de la provincia de Santiago de México, y de Fray Jerónimo de la Barrera religioso mercedario en la provincia de México, hermanos y albaceas de doña Isabel, cuyo contenido, era para animar a la nueva fundación, lo más pronto posible pues la condición de la cláusula ya estaba en vigor.

Estas cartas tan bien dirigidas y tan llenas de interés por la nueva fundación, nunca llegaron a su destino y ninguna noticia de este legado se tuvo por el espacio de cuatro años, “que se dice pronto”.

Para ese tiempo, el arzobispo de México, fue llamado por el Consejo de Indias, y ya nunca volvería a aquel arzobispado. En su regreso a España, se trajo consigo nuevas copias de las cláusulas testamentarias y testimonios de la licencia, por si no hubiesen llegado los primeros envíos, que ciertamente no habían llegado a manos de las interesadas pues habían quedado olvidados en Galicia. Por esta razón y por la falta de medios para el viaje y embarcación, el cardenal Moscoso Sandoval, Primado de Toledo, prohibió se tratase el asunto de la fundación.

Desde Madrid, donde se hallaba, Sagade Bugueiro, escribió a las monjas capuchinas y al arzobispo de Toledo, Moscoso Sandoval, en donde les notificaba el legado de doña Isabel de la Barrera, lo cual hacía posible realizar la fundación.
 
Los albaceas de Doña Isabel apremian a Toledo.

Corría el año 1663 y comienzan a aparecer luces de esperanza; llegaron al convento dos cartas de los dos albaceas de doña Isabel de la Barrera, la primera con la fecha del 21 de mayo, es de Fray Jerónimo de la Barrera, en donde urgía a las capuchinas a la fundación, pues del plazo de diez años impuestos por su hermana, ya habían transcurrido cuatro. La otra carta era de Fray Alonso de la Barrera con fecha de 24 de mayo de 1663, cuyo contenido era semejante al de su hermano, y otras palabras alentadoras para que llevaran a cabo la fundación, ofreciéndoles él, junto con su hermano su apoyo.
Con estas cartas, y ante noticias tan esperanzadoras las monjas recobran alientos nuevos.

Sor Marta Leticia

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