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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México III

-Te invito hermano lector a conocer este proceso que siguieron las primeras hermanas capuchinas que llegaron a México- . Continuamos la narración:

Al parecer todo iba a “flor de piel”, tal parecía que ningún obstáculo se presentaba para realizar el gran deseo de las Hermanas Capuchinas, pues antes de tres semanas escribió el presidente del Consejo de Indias con la noticia de que su Majestad concedía su licencia; noticia que llenó de inmensa alegría a la comunidad, entonando, por tal motivo, el “Te Deum” para agradecer a Dios esta licencia.

La comunidad pide al cardenal primado Baltasar Moscoso Sandoval por medio de una carta que se dignase él de hacer nombramiento de las que han de ir a fundar a México. Éste se encontraba en Madrid y respondió a dicha carta fechada en 6 de Mayo de 1655, diciéndole entre estas cosas: “Antes de que salgan las religiosas fundadoras, es conveniente que tengan sobre quién reparará los gastos del viaje y si en México hay fundación segura, pues siendo de otra manera su Majestad no dejará que partan”.

El 13 de mayo, nuevamente le escribe a la abadesa para decirle que ella elija el nombramiento de las religiosas que han de ir a la fundación de México.

Por esos días se hallaba en Madrid el obispo de Puebla de los Ángeles, don Diego Ossorio; al enterarse de la futura fundación se dirige a la madre Victoria Serafina: “No conviene en que ahora vayan religiosas fundadoras hasta haber ajustado el consentimiento de la ciudad  y se dicen algunas razones que me hacen mucha fuerza”.

La comunidad vive días intensos, la correspondencia con diversos personajes eclesiásticos y políticos se incrementa; pero el deseo de extender su religión y llevarla al nuevo mundo, no reparan en dificultades, y esperan desde su clausura, el momento de partir para la nueva España.

La ejecución del propósito a fundar en Nueva España, no parece que pueda ser tan rápida como quisiera la comunidad. Empieza a imponerse la prudencia y la realidad sobre el ímpetu misionero de aquellas monjas que no habían pensado en materialidades. El arzobispo de Toledo, Baltasar Moscoso, envió a su consejo que confiasen a Francisco de Villareal, el nombramiento de las religiosas que habían de ir a la fundación, por el conocimiento que tenía como confesor de todas las religiosas; tenía que nombrar a cinco coristas y una lega, encargo que cumplió.

Todo se estaba preparando y todo transcurría a grandes pasos para que no se encontrase inconvenientes para el viaje, cuando el arzobispo de México Sagade Bugueiro vuelve de Galicia, después de estar algunos meses preparando su jornada. Expuso con mucha prudencia que podía tener problemas en llevar consigo a las madres fundadoras, sin tener permiso de  la ciudad de México, que era muy arriesgado sacar a seis religiosas de su clausura para tierras lejanas, sin tener casa, ni convento donde habitar, ni lo necesario para un capellán e Iglesia, y otros gastos de la embarcación. Ofreció, a su vez, llevar el permiso que el rey había dado para fundar y que él mismo ya estando allí, procuraría buscar bienhechores para la nueva fundación. Al conde de Peñaranda al enterarse de esta situación, escribe a la madre abadesa madre Victoria Serafina donde le dice que es una pena que se retrase la fundación, pero que no le ha parecido mal.

Sor Marta Leticia

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