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Entrevista a Sor María Almudena

Hermana, ¿Cuál es su nombre?
Me llamo Mercedes Santos Corral.

¿De dónde es?
Nací en Madrid el día 28 de febrero  -- del año 1933, en plena República.
Mis padres se llamaban Carlos y Nieves, mi padre madrileño y mi madre de un pueblo de Vizcaya Lanestosa. Fui la última de cinco hermanas.

Cuéntenos un poco de su historia
Cuando yo tenía 3 años comenzó la Guerra Civil en España, de la cual me quedaron muy malos recuerdos. En la casa donde vivíamos cayó un obús y a causa de ello quedó inhabitable, tuvimos que emigrar a Vizcaya, Lanestosa donde vivía la abuela materna, allí no llegó la Guerra. Vivimos como algo menos de dos años en aquel precioso y tranquilo pueblo, donde fuimos muy felices.
Cuando la casa de Madrid quedó reparada, volvimos a vivir a ella. Dos años después empecé a ir al colegio.
Yo era muy mala estudiante, traviesa y revoltosa. Al fin terminaron los años escolares.

Me coloqué en una oficina, donde estaba muy contenta, había respeto y familiaridad. Creo que tenía unos 21 años.

¿Cómo fue su juventud y el inicio de su vocación?
En mi casa eran muy religiosos. Empecé a darme cuenta que Dios tenía su camino preparado y soñado para mí con amor de Padre desde la eternidad. A la vez empecé a frecuentar la Juventud Franciscana femenina, donde nos daban una buena formación en todos los aspectos. Se organizaban veraneos de 15 días, al mar y la montaña, era muy alegre tenía buenas amigas en la juventud franciscana de donde salieron muchas vocaciones para misiones también En estas excursiones que hacíamos Dios me concedió disfrutar y a verle a El en toda la  naturaleza conocía que todo lo había creado con amor de Padre.

¿Cómo se despertó su vocación?
En la Juventud Franciscana conocí al director espiritual un -Capuchino-, que vi era el destinado por Dios para mí que me guió más hacía Él. Un buen día me dijo de forma tajante: ¿Y tú que piensas hacer de tu vida me preguntó?  Me quedé perpleja y no supe que contestar en ese momento. Nunca me había planteado otro camino que la posibilidad de casarme y tener muchos hijos en un hogar feliz.

En ese tiempo (unos dos años), tuve dos pretendientes, no a la vez, claro, y eso me afianzaba más en mis ilusiones de formar una familia.
Mientras tanto,  el Espíritu Santo iluminaba a mi Director que me metiera de lleno en la oración y una vida piadosa más profunda, sin dejar la diversión sana, en las vacaciones o durante el año. Salía con alguno de los chicos para afianzarme más, en lo que Dios quería en mi vida.

Por fin pareció ver más claro el camino. Y un día le dije a uno de mis pretendientes que era con el que salía (que pensaba si mi camino no sería ser monja) me lo comprendió perfectamente. Con el otro chico no salía y con ello se acabó el compromiso.

¿Por fin cuando se decidió por la vocación?
A los 23 años fue cuando sentí fuertemente la llamada de Dios. Después de mucha oración y el apoyo y guía del Padre y la amistad de las chicas de la Juventud Franciscana, decidí ir a visitar a las Clarisas Capuchinas de Madrid.

Esas visitas no fueron muy frecuentes. Yo con las pocas palabras de la M. Abadesa y tornera y lo que se adivinaba desde del exterior: la pobreza, el orden y el silencio que se notaba, me bastó, para comprender que era allí  donde Dios me quería.

Decisión.
Empezamos a fijar fecha, con la M. Abadesa y quedamos en que pasaran los días de Navidad, y mientras tanto fuera adquiriendo los documentos necesarios para la entrada en Religión y el permiso del Párroco. Se lo dije a una de mis hermanas y que ella se encargara de decírselo a mis queridos padres. No se opusieron lo más mínimo porque eran muy religiosos pero la separación solo Dios sabe lo que les costó.

Fecha del paso definitivo.
Después de pasar las Navidades mis padres me pidieron poder celebrar con ellos el día de mi cumpleaños, por lo que las monjas con chiste decían que era como la canción de Manbru….que no sabían cuando vendrá Entrada.-Por fin se me abrieron las puertas de la clausura el día 8 de marzo de 1958 a las 4 de la tarde, hora inolvidable, (como a Juan y Andrés cuando los llamó Jesús, y ellos dejándolo todo y sin mirar atrás le siguieron). Al terminar la comida de ese día 8 abracé a mis padres en un abrazo lleno de amor y agradecimiento. Al llegar al Monasterio me despedí primero de familiares y amistades que quisieron acompañarme en ese momento trascendental de mi vida. Y se cerró la puerta bendita de la Clausura para siempre.

Encontré unas Hermanas auténticas hijas de S. Francisco y Sta. Clara en obediencia, pobreza y vida fraterna, orden, puntualidad, horas de oración, recreo, trabajo y mucha felicidad por haber seguido la llamada de Jesús.

Oficios desempeñados.
En la Comunidad pasé por muchos oficios, refectolera, cocinera, tornera, sacristana, vicaria de la Abadesa.

Después la Cdad. me puso al frente de ella, en un momento en que hubo cambios de convento desde la Plaza de Conde Toreno donde entré, a Alcobendas donde se habíamos construido un nuevo convento, grande espacioso, con grandísima huerta, acomodado aunque muy sencillo. Todo cambio cuesta aunque sea para mejor, así aquí tuve algunos sacrificios.

Además era joven y la comunidad era muy numerosa 27 hermanas, de varias edades la mayor parte jóvenes.

¿Qué tal le fue de superiora?
El ir al frente de una comunidad no es fácil, pues cada una tiene sus criterios y formas de ser, siendo que venimos de distintas familias, además fue el cambio después del Concilio donde había también otros cambios, que algunas les contaban más o menos, como en todas partes. También aquí encontré a un Capuchino que me ayudó en el camino de mi servicio, que se prolongó por muchos años.

Tengo entendido que usted fue la que abrió a la Cdad. (ya muy mermada 8 Hnas.) A dar el paso para fusionarse aquí en Granada donde ahora se encuentra.

¿Cómo hizo? 
Aconsejada por un P. Capuchino y viendo llevábamos ya en Alcobendas casi 30 años sin que hubiese entrado ninguna chica,( a excepción de una joven de 15 años que estuvo 8 meses de postulante).

Aunque éramos 8 Hnas. Decidí proponer a todas las Hermanas sí les parecía el momento de buscar una Cdad. dónde nos recibieran. Como a todas les pareció bien; fuimos dos hermanas a visitar 3 Comunidades  y la más parecida a nuestras costumbres nos pareció Granada y aunque con mucho dolor, pues allí el convento era nuevo, con una huerta muy amplia muchos árboles y todo lo necesario decidimos la fusión.

En menos de dos años estábamos todas aquí en Granada.

A ti joven, o menos joven, te digo que si el Señor te llama a seguirle, no le cierres el corazón. No hay mayor felicidad en esta vida que estar junto a Él en todo momento, sabiendo que estás cumpliendo la voluntad del Padre que te ha llamado. Déjalo todo y olvídate de tu pueblo y la casa paterna, despojándote principalmente de ti misma. Es como si te lanzaras al vacío y te encontraras en los brazos de Dios Padre.

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