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Sor Verónica Lagasca -Capítulo V

... por el esfuerzo de su voluntad, su actuar demostraba lo contrario, porque aparecía activísima y tan despreciadora de su cuerpo, que no basta decir era mortificada, sino que se veía en ella una fortaleza extraordinaria, que empleaba contra sí misma y a favor de los demás en todo sentido.

Tal vez por su trabajo de continua abnegación, se hace difícil explicar su modo de ser natural o temperamento. Por su aspecto físico, parecía sanguínea y su vehemencia y afabilidad pudieran confirmarlo, pero por otro lado tenía una tenacidad y constancia castellanas, que no dejan de desmentirlo…No sé si en ella, prevalecía la voluntad o la  cabeza porque era inteligente y a pesar de ser naturalmente apasionada, la virtud y la gracia, habían trabajado su  impetuosa fuerza de su afectividad y la había dirigido  hacia Dios y sus intereses; además el propio dominio no le fallaba, gracias a Dios solo a veces se la conocía el esfuerzo que hacía al vencerse.

La nota característica de su espiritualidad, parecía ser, ese contrariar y machacar todo gusto o querer natural, que lo practicó siempre y lo enseñó también, a sus discípulas. Igualmente aconsejaba castigar las propias faltas con algo que costase bien, y sospechamos, que las quemaduras que veíamos con frecuencia en sus manos no eran casuales, sino hechas de intento sea para castigarse, o para ayudarse en sus luchas por la virtud. No creo que éstas, fuesen motivo de tentaciones contra la castidad, me parece que no las experimentó, aunque era muy acertada para ayudar a las que las padecían y nunca daba a entender que las desconocía.

Tampoco creo fuese su campo de batalla la tentación de la ira, sería más bien, probablemente, lucha contra la soberbia y el egoísmo, o contra faltas internas de caridad contra el prójimo, lo que pudo costarle generosos esfuerzos.

Desde luego, su modo de ser tan original y destacado de lo corriente, debía ser el motivo, de que fuese siempre o sumamente estimada y querida, o enteramente incomprendida.

Ni es extraño, que los que no calaban el fondo de sus excelentes virtudes y dones de Dios,  fuesen muy contrarios modo de ser, al ver las extremosidades de su carácter y sus externos defectos, no se daban cuenta de que a la sombra de su  hondura y de su fortaleza. Un grado de desprendimiento y amor de Dios y del prójimo muy grande que suponía una vida tan heroicamente entregada, y un tan absoluto olvido y desprecio de sí misma, heroico.
Seguramente, entraba todo ello en los designios de Dios, que juega con nuestros mismos defectos y acaso faltas, para santificarnos a nosotros mismos y a los demás también. 

Era inesperada en las cosas que decía a veces, así recuerdo mi sorpresa cuando a mi ingreso, dándole el abrazo, poco después me dijo. “Lo que he pedido para que no entrase,… gracias que en seguida añadió, si no ha  de ser de verdad monja santa”. Pero otras veces no explicaba su idea y sólo conociéndola se podían comprender.

Una de sus preocupaciones que le duraron hasta su ancianidad era tener noticias de política, nos hacía reír cuando en el recreo, o en cartas preguntaba: “ qué hay de política?” Era una curiosidad no sólo sana, sino santa, puesto que el motivo era para encomendar a Dios sus asuntos de la patria, o de donde estaba (porque en Lima hacía igual)- En cambio, nunca preguntaba noticias de Cuba donde tenía su hermano. 

Creo fue ella la que poco antes de la guerra nos repartió por suerte a cada una un político, de los de peores ideas, para que nos aplicásemos a conseguir su conversión. Por cierto, que la oímos decir, que cuando murió X asesinado, ella sin saberlo y antes de suceder, no pudo aquella mañana hacer otra oración que pedir por él. Este hecho, parece comprobar lo que dice San Juan de la Cruz, sobre la purificación de la memoria, que los que han llegado a ella, son movidos por el Espíritu Santo, a recordar determinadas intenciones que Dios quiere conceder, en cambio se olvidan o no son capaces de encomendar con interés, lo que El no quiere que se encomiende.

En algunos casos de estos sea de asuntos difíciles de política o bien tratándose de pecadores, hacía penitencias extraordinarias, recordamos por ejemplo, cuando nos encargaron pedir por X que alguna monja le oyó darse disciplinas tan atroces y entre quejidos, que la llamó la atención, e hizo la oyesen otras, sin que la Madre se enterase, dicen que sólo repetía “Señor, Señor,”, y parece ser que pudieron comprobar se repitió esto varios días.

El don de fortaleza lo tuvo desde luego en alto grado, tanto para maltratarse con penitencias, como para aprovechar ocasiones de sacrificio. Sobre el poco caso que hacía de sí misma, hay varias anécdotas. 
Una que en vez de salir al dentista (se entiende salir a la sala del médico, en aquel entonces los médicos iban al convento) para sacarse alguna muela, la vieron atarse el hueso con un bramante y atar al otro lado a una reja, luego tiraba y así se la sacaba y decía no tener valor para hacerlo de otro modo… en una ocasión se rompió un diente y se desgajó la encía,  por un golpe que se dio al besar el suelo a oscuras, contra una tarima. 
Quién lo presenció, viendo lo que sangraba, porque con una tijera cortaba lo colgante, fue a avisar a la Madre, pero ya al volver no la encontraron. La buscaban y no aparecía y era, que como habían tocado a Completas, se debió enjuagar con algo para que se le cortase la sangre y se fue al antecoro, donde antes nos reuníamos, de rodillas y donde la madre daba la señal para entrar juntas al coro, y la pareció lo más natural, porque la cosa no había sido nada…

Esto contrastaba, con su delicadeza para con las demás, sin embargo, cuando veía disposición pues tuvo monjas a su cargo, aunque por un lado se deshacía por quitar molestias, era también a veces dura y fuerte, para animar a la mortificación. 
Así recuerdo que en una ocasión en que una difunta se descompuso, hasta hacerse espantoso el verla, como vio que una se retiraba, la mandó que se detuviese mirándola, venciendo su cobardía. Pero estas cosas no las mandaba hacer a todas, sino que sabía calibrar la capacidad o la gracia de Dios en cada una para estos actos de vencimiento.

Aunque no consta que haya tenido más directores espirituales más que el P. Gregorio y el P. Mariano de Vega, fue siempre amiga de confesar a menudo y hacer consultas a personas competentes, con quienes era bastante larga en el confesionario. 

Debió ser aún joven cuando conoció al P. Mariano de Vega (murió en olor de santidad en 1946 ), capuchino, sabemos por un sacerdote con quien trató mucho, que el empezar a dirigirse con este Padre, fue porque en unos ejercicios que hizo a la Comunidad al acabar de confesarla la dijo este Padre, “la plática de ahora va a ser para V.C." 

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