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Sor Verónica Lagasca -Cap XVII

Por mucha que sea la prisa, porque endereza la fuerza, calma la nerviosidad y se vuelve al trabajo con mejor disposición. Tenía también costumbre, a la hora del examen de la noche, hacerles una especie de pequeño capítulo, en que primero ella se acusaba, si tenía algo de qué, y luego daba lugar a que se acusaran otras que quisieran hacerlo, acabando, con unas palabras de oración en alta voz en que pedía perdón y ofrecía en nombre de todas la enmienda. Esto gustaba y hacía mucho bien a las jóvenes.

Siendo ya bastante mayor, el año 1950 estuvo muy enferma y con esta ocasión escribió unas cartas de las que me parece interesante entresacar algo porque reflejan sus internas disposiciones. Una escrita con lápiz a un Padre se ocupa de una de sus jóvenes y otra hermana de la comunidad que creía lo necesitaba, solo dice de ella misma, “estoy en cama, perdone cómo escribo", solo daba importancia a las necesidades ajenas.

Otra al mismo Padre ya mejorada, dice:”le confieso que no haberlo hecho antes (escribirle) es por encontrarme tan mal… Tan abatida… Tan no sé como, que la pobre alma estaba por el estilo, no estaba más que para ser feliz. Me encuentro mejor y me hace gracia ver lo que soy, el interior se renueva, deseos de padecer, etc. ¡ todo ilusiones y tonterías!... que esté abrazada a mi deber…que busque solo a Dios en todo… y que de verdad viva solo para Él. Pida esto para mí. ¡Pero Padre, que bien viene este palpar y sentir la miseria de una…yo le puedo asegurar que en ese profundo, Dios me enseña mucho y  brota con más fuerza la confianza en Dios y entrega total de mi voluntad a la de Dios, sin estimar ni querer otra cosas, por ver y sentir que es lo único que Dios quiere (y en cierta manera lo necesita, porque El así lo quiere, de nosotros, para que El obre), ¿y que más da que obre sin que lo notemos?...Padre, cuánto quisiera decirle, pero no sé decir, y además me da vergüenza y reparo. Solo le pido Padre, que no deje la oración, que conserve su alma sola…muy sola. Después de las conferencias que dé, etc, retírese a esa soledad del alma, para no ensuciarse y en ella aprenderá o Dios le enseñará su ciencia, para que siendo eco suyo, haga mucho bien a las almas. Y crea que aunque tal vez le parezca que no le enseña, es que se lo da en un sobre cerrado para que cuando lo necesite para el prójimo, lo tenga, la cosa es estar en soledad para que se lo dé".

Uno de sus deseos más constantes que no ocultaba nuestra M. Verónica era el de morir. La oí decir, que siendo enfermera, lloraba mucho cuando se le morían las enfermas y pensé sería por la separación y su natural afecto y caridad, pero comprendiendo ella, que pensaba eso, me dijo: “¡ No! De envidia, de ver que se iban con Dios y yo me quedaba por aquí”.

En los últimos años que estuvo con nosotras no le faltaron enfermedades que sin ser de mucha importancia en sí, por su afección cardiaca la ponían bastante mal. En estas enfermedades su conducta era en todo tal como describe ella debe ser una enferma, en un papelito que nos dejó a algunas para cuando nos llegase el caso, por eso pienso que lo mejor es copiarlo tal como ella lo escribió: “Plan para ser buena enferma. No tomar alivios sin que se me ofrezcan por quien está encargado o tiene autoridad, a menos que sea muy grande la necesidad y entonces pedirlo sencillamente, si lo dan bien y si no paciencia, y si es prudente lo puede volver a pedir".

No procurar lo conveniente a mi salud, ni proponerlo y tomarlo por propia iniciativa, si no es deber muy seguro y entonces con humildad, sin exigencias, porque la encargada de mi cuerpo no soy yo.

Sor Caridad

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