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Sor Verónica Lagasca -Cap XV

Desde el domingo ya no hablaba, solo esa respiración pronunciada y agónica, los ojos vidriosos, creemos que sólo nos oía. Desde hace quince días se alimentaba a suero solamente… No pasaba ni siquiera unas cucharaditas de líquido, sufrió mucho estos últimos días, nadie esperaba y menos ella, una agonía tan larga.

Estaba maravillosamente preparada para partir pronto, al menos desde los primeros días de este largo mes, que estuvo completamente en cama, pero el Señor tenía otros designios de amor. Seguramente se valió de ella para bendecir el viaje de su Santidad a América. Era extraordinario ver como la M. Verónica vivía en constante preocupación por el Papa, Le dábamos todas las noticias paso a paso, ella le seguía desde Roma, quería los más mínimos detalles, con las pocas fuerzas que le restaban preguntaba hasta la hora de partida, de reuniones con los campesinos, obreros, etc. Otra ofrenda fue para los sacerdotes, constituían el centro de sus intenciones. Tuvo el consuelo de verse continuamente asistida. Todos los capellanes de casa estaban a su disposición a cualquier hora para la comunión (que pudo recibir  hasta el domingo) absoluciones, recomendación del alma, bendición papal.

A cada crisis los llamábamos y no se fijaban en horas avanzadas de la noche, o en distancias, si se encontraban lejos en reuniones. Particularmente el P. Carlos fue su preferido y respondió con largueza a todas sus ansias espirituales. Le leía textos escogidos de la Biblia. M. Verónica por su parte le daba y nos daba a todas recomendaciones: “como tal vez ya no pueda hablar mañana, quiero que la Misa primera después de muerta sea en acción de gracias, por la misericordia infinita que tuvo el Señor para con esta alma mía, infinitamente…que nadie sabe…solo El, y por lo mal que le he correspondido”…”que si vienen a verme, no me hablen sino de Dios, de la Verdad, ¡Oh, oh! suspiraba a cada instante sumida en una profunda unión. ¡ Oh, un momento tan grande como el de la muerte” “ese encuentro con Dios, esa unión que hemos deseado tanto durante la vida!”.

Cuando le decía: “Lo creo Madre, pero no piensen, que esta unión mística la dispensó de mortificaciones tremendas, todo el cuerpo era dolor, a estos se sumaba vernos velarla día y noche, constantemente era una heroica sumisión a la voluntad suprema, cuando la preguntábamos si quería o necesitaba algo respondía: Déjenme decir: como quieran… y si pensaba pedirnos alguna cosa, casi siempre de carácter espiritual, contaba con el rosario el “sí o no” característico suyo, por ver si era voluntad de Dios".

Los calmantes debíamos administrárselos sin que lo supiera, pues mientras podía explicarse decía: “No me den alivios” aunque sufría tremendamente. Otras recomendaciones que nos dejó: “Si viene mi hermano le dicen que medite frecuentemente el salmo 138 y lo lea despacio“, era su testamento. Tenía presentes a todas sus hijas de Madrid, Málaga, M. Presidente, M. Delegada, se las nombrábamos una por una diciendo que estábamos en lugar de ellas, que las presentase ante el Señor, a cada nombre asentía con la cabeza y si se nos olvidaba alguna ella lo agregaba…En fin consciente y subconsciente de entrega, fidelidad, amor, una santa más para la Orden, una intercesora más para nuestras comunidades.

Dios premiará sin duda a la Comunidad de Lima que tanto desvelo y cariño demostró siempre y sobre todo en esta larga última etapa.

Para completar noticias edificantes dejadas por M. Verónica, añado ahora algunos trozos de cartas y otros escritos suyos que se conservan.

Es notable y conocido de muchas, un examen que hizo por consejo de un confesor para uso de la comunidad en días de retiro.

Sor Caridad

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