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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México XXVI

“… Nosotras estamos buenas, a Dios gracias, y ya para embarcarnos. Con mucho ánimo y confianza en la divina Majestad que nos ha de asistir y ayudar…No necesitamos de nada al presente. No van en nuestro navío ni personas conocidas. Sólo el capitán que nos ha venido a ver con mucho deseo de asistirnos en todo lo que pudiere. Vuestra reverencia con sus oraciones lo haga y nos de su bendición todos los días y a todas las hermanas que nos tengan muy presentes…”.

   Estas son palabras con un lenguaje muy sencillo que brotan de una hermana que va como abadesa y responsable de cinco capuchinas a nueva España, en su último adiós a su comunidad amada.

Las seis capuchinas embarcan: 2 de julio de 1665

   Las monjas permanecieron en el convento de Santa María hasta el 2 de julio. El capellán y confesor de dicho convento, don Luis Franco de Cuéllar, nos relata la salida del convento y embarque de las fundadoras en carta que dirige a don Francisco de Villarreal y que, a su vez, leerían las madres y hermanas de Toledo:

   “Digo, señor, que el día dos de este mes envió orden el señor general, don José Centeno, a su hermana, mi señora doña Luisa para que, asistida de su cuñada mi señora doña Isabel de Soberanis y mi señora Leonor de Albelda y otras señoras, viniesen al convento en coches a llevarse a las Santas madres para su embarcación y hacer su viaje. Según la orden de su majestad llegó a que con toda prisa saliese la flota. Fui en este tiempo a dar cuenta al obispo, mi señor, el cual estaba malo en la cama sangrado cuatro veces que vino de la visita la víspera de San Juan, donde al presente lo está y con el sentimiento de no haber podido besar las manos  a las madres y echándoles su bendición. En este tiempo se halló en esta ciudad el señor obispo  de Canarias que pasaba a tomar posesión (en compañía de la flota) de su obispado a quién suplicó su ilustrísima en su nombre viniese a la puerta reglar de este convento y allí les echase su bendición y concediese todas las gracias. Esta orden  no se ejecutó de venir a la puerta por cuanto se hallaba embarazado con algunos negocios del despacho de su viaje: si bien llegó a tiempo a la playa de estar las madres para embarcarse. Salieron las Santas madres, jueves en la tarde a las cinco, asistidas de estas señoras que digo a vuestra merced en un coche de cuatro mulas del gobernador de esta ciudad con toda la decencia y decoro que se debe. Al despedirse de las madres de mi Santo Convento, y la acción de salir, no tengo que representar a vuestra merced pues ello demuestra tantas lágrimas y sollozos en todas que era menester acelerarlas para que no fuese tanto. Yo me puse al estribo a recibirlas, corridas todas las cortinas del coche, sin que por ninguna parte pudiesen ser vistas. Acompañáronlas dos coches de los señores prebendados de la primera clase y con ellos el señor provisor y otros dos coches de los caballos de esta ciudad

Sor Martha Leticia

 

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