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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México XXIV

En el convento gaditano no se bebe en la comida, por lo que le sorprende a Sor Teresa María y cree un milagro de que en estas condiciones tengan salud, siendo un lugar muy caluroso y húmedo. Las capuchinas por el contrario, beben durante la comida y la colación y piden permiso a la abadesa si necesitan beber entre horas.

Suelen haber en todos los conventos, en sus partes más altas, grandes galerías con amplias ventanas, en donde se pueden recrear la vista. Aquí suben a las toledanas para que vean el mar. La primera impresión es de temor. Ante ellas el cielo azul intenso de la Bética, la gloriosa blancura de los velámenes y un mar rugiente y desconocido, atractivo y misterioso. Sentimiento de desamparo y temor ante el mar, lo sentían todos. Fray Antonio de Guevara, escribiendo sobre los muchos trabajos que se pasan en las galeras decía:

“La mar no es tan bien acondicionada, para que nadie ose entrar en ella por voluntad, sino por necesidad; porque el hombre que navega, si no es por descargo de su conciencia, o por defender su honra o por amparar la vida, digo y afirmo que el tal o es necio, o está aburrido, o le pueden atar por loco. La mar es muy deleitosa de mirar y muy peligrosa de pasear”.

Las religiosas tienen escasa información sobre su viaje. Las condiciones de su nueva vida a bordo. Les resulta totalmente desconocidas. Sí tienen referencia sobre la distancia que van a recorrer por la mar océana.  

Sor Martha Leticia


   

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