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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México XXII

También se deja sentir en el convento de Santa María el pulso de la vida de Cádiz logrando que sus cartas den a conocer las pequeñas noticias de la nueva ciudad, de comentarios verídicos, que aportan una visión original. Escribe Sor María Felipa a la vicaria de Toledo:

   “Habrá llegado allá nuestro Santo Padre, que nos ha costado muchas lágrimas y sentimientos el apartarnos de su merced. No se puede decir el afecto y estimación que esta ciudad le cobró en tan pocos días que pienso que si se detiene un poco más no le habían dejado irse y muchas personas del convento y de fuera han pronosticado que le hemos de ver de obispo. Dios disponga en todo lo que más convenga para gloria suya y consuelo nuestro. El padre vicario de este convento es muy buena persona y, muy deseoso de ver a nuestro padre en la dignidad que he dicho, hácenos mucha caridad…A sor Ana que por acá no hay sino aleluya que en todo lo demás está muy seco, una agua hay como un caldo. Ni hay aljibes, ni sótanos y que si el aleluya llegara a las manos de letra entera que ya hubiera procurado que llegara allá más que nos la dan de postre y no se puede hacer lo que se quiere. Todas las cosas son carísimas, que nos espantamos y digo que a vista de esto en Toledo son reyes los que viven en él. Y dé vuestra reverencia gracias a Dios que hay allá alguna fruta, que aquí un plato mediano de ciruelas cuesta un real de a ocho de plata que dicen un peso. Y los padres capuchinos dicen que no hallan una hoja verde en todo el año porque ni tienen huerta ni la hay en el lugar. El azúcar y todas las cosas de dulce, mucho más que por allá. Una libra de miel a catorce cuartos. Yo digo que debe de haber muchos dineros, pero no en el convento que no da más de pan y cuatro cuartos cada día. Por todas partes hay trabajos. Dios nos dé su gracia y me guarde a  vuestra reverencia, madre mía como deseo…” (Cádiz, 8 junio 1665)

Resulta interesante al leer esta carta de sor María Felipa contrastar la vida de Cádiz favorecida por un tiempo de prosperidad como consecuencia del desplazamiento del comercio de Sevilla a las aguas gaditanas y las estrecheces que hay de puertas adentro en el convento de Santa María. Comparar la riqueza de la ciudad, que fluye al ser punto de partida y llegada de las flotas de Indias, y la pobreza y privaciones de la vida conventual donde sólo comen las más de las veces cuatro cuartos de pan al día. Deja traslucir la madre María Felipa el recuerdo del agua fresca de los aljibes conventuales que, aún hoy, están en pleno uso. Le sorprende la falta de sótanos o cuevas en los que abunda su convento en Toledo. Son las impresiones de una mujer de tierra adentro en la primera aproximación a una nueva tierra, aledaña al mar, un mar para ellas absolutamente desconocido y que tanto condiciona. Los días transcurren y no dejan de escribir las últimas cartas, Sus impresiones son análogas…

Sor Martha Leticia

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