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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México XXI

Tuvieron toda clase de cortesías y agrados en atención a las madres toledanas.
En estos cortos días Francisco de Villarreal nos dice que dispuso:

     “La paga de los dos mil pesos del flete, tomándolos a riesgo de nao, obligando la hacienda de la fundación, con inserción de la real cédula, que para este efecto conseguí de su majestad y obligando la mía, por quererlo así la persona que había de darlos en Veracruz al capitán Agustín de Ossa, dueño del navío”.

En la mañana del domingo 31 de Mayo fue a ver por última vez a las capuchinas, nos dice que partiéndosele el corazón de dolor, las madres y él sin poder hablar palabra alguna, postrándose de rodillas pidiéronle la bendición: él se las dió en nombre del cardenal. No pronunciaron más palabras que: “Adiós, padre”.

Cartas de las Capuchinas a Toledo, desde Cádiz

Les han llegado cartas de Toledo, que son el mejor regalo. Ellas, a su vez, empiezan a escribir contando mil detalles interesantes, que enriquecen el conocimiento de circunstancias. Lo más seguro es que el propio don Francisco de Villarreal era portador a su regreso de alguna de estas misivas. Sor Lorenza Bernarda escribe a su convento, diciendo lo que pasa en ella la ausencia de sus madres y hermanas:

Nuestra madre lo hace como todas nos prometíamos con mucho ejemplo y todas mis hermanas lo están dando donde quiera que están. Plegue a Nuestro Señor que yo no eche a perder con mi poco espíritu. Todas quedamos buenas, y para gloria de Dios, con esfuerzo de pasar todo lo que Dios fuere servido. Y, nuestra madre sin haber perdido de decir el oficio un día; Sor Teresa y yo no le hemos dicho unos cuantos días. Ya cuesta su cuidado cumplir con la obligación en camino tan largo y que para una pobre religiosa no parece hay otro consuelo. Ya verá, vuestra reverencia, cual quedamos sin nuestro padre, que ha sido toda nuestra consolación y ahora, en el tiempo de más necesidad, quedamos solas y  huérfanas. Dios nos consuele que no hay sentimiento igual a éste y no sé cómo anda Nuestro Señor conmigo que pudiéndose hacer ligero no quiere sino apretar la clavija y hacerse pesado, enhorabuena sea y hágase su voluntad…”…   

Sor Martha Leticia    

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