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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México XLVI

“…Hasta entrar en México… Salió todo el cabildo y la virreina con todas sus damas. Y toda la ciudad, a una legua nos salieron a recibir. Y no se veía el campo de coches, tanto que mandó su excelencia que llamaran a la guardia e hicieran lugar para poder pasar. En todos los conventos tocaron y en la iglesia Mayor… Día de Santa Brígida (8de octubre) entramos en esta ciudad tan deseada y que tantos trabajos nos ha costado. Pero, por haber hallado que hay tanta caridad y devoción para nuestra Santa Religión, se puede dar por bien empleado. Y crea que se ha dado Dios por servido, que hayan salido de ese vergel, tan de su gusto, estas pequeñas plantas. Y que ha sido ilustre, para esa santa comunidad, que todas seis seamos de ella y es cosa que lo ponderan mucho”.

Entre “todas las damas” de la virreina se me hace inevitable pensar en la presencia de una muy joven, apenas 17 años, pero que ya hacía un año que estaba al servicio de la virreina y que luego sería la tan famosa sor Juana Inés de la Cruz. Las damas participaban en la vida social de la corte virreinal y acudían a todas las recepciones, festejos y ceremonias religiosas o profanas. Nada más natural que acompañasen a su virreina en aquel cortejo para recibir a las fundadoras capuchinas que venían de España. Desde luego, es cierto que Sor Juana Inés de la Cruz era entonces dama de la virreina. Y que ésta acudió, según nos dicen, acompañada de "todas” sus damas.

Así, pues, damas, prebendados y caballeros, así como muchos indios, se habían adelantado una legua de camino, antes de la ciudad de México, para esperar a las seis monjas toledanas.

Los virreyes irían en sus magníficas carrozas, adornadas con lujo y forradas en su interior de ricos tafetanes, sedas y terciopelos. Nobles y caballeros serían portados en sillas de manos, llevadas por lacayos de impecable librea. Sillas de mano que competían en valor y elegancia, algunas revestidas de carey o artísticamente pintadas en su exterior y no menos acomodadas y acondicionadas en el interior. Y, en coches cerrados y de cortinas, los prebendados y eclesiásticos.

Emilia Alba (Fundación del convento san Felipe de Jesús de Clarisas Capuchinas en Nueva España)

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