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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México XIX

Campos fecundos y ricos exuberantes en colores y fragancias. ¡Qué lejanos quedaban ya los yermos de Castilla! El miércoles  27 de mayo pasaron en el Arrecife, a cuatro leguas de Cádiz, en una ermita de San Francisco que estaba inmediata a la posada. Allí tomaron alimentos y descansaron. Tenían que esperar a que bajase la marea, ya que era peligroso continuar el camino así. Mientras tanto don Francisco de Villarreal, envió a dos criados por delante para que avisasen al capitán Antonio Izquierdo de Quirós que llegarían esa misma tarde con el fin de que tuviese prevenido el convento que el señor Obispo tuviese determinado para que en él llegaran nuestras fundadoras.

Con el deseo de no llegar de noche a Cádiz, anticiparon la marcha y los coches  perdieron el camino dirigiéndose hacia terreno llano y pantanoso de manera que el coche en donde iban las madres se atolló y parecía imposible sacarle de allí si no era trayendo mulas o bueyes. Con grandes trabajos se apearon las madres y con mayores esfuerzos llegaron a la calzada por lo pantanoso del suelo. Por fin, entre  las diligencias de todos y la ayuda de personas que pasaban para Cádiz, pudieron sacar el coche después de dos horas.

Por este percance inesperado, bastó para que se les hiciera de noche. Después de pasar por el célebre puente de Zuazo, formado por tres arcos de piedra y 240 pies, único punto de comunicación por tierra con Cádiz, llegaron a Puerta de Tierra a las nueve, encontrándose con la sorpresa de que estaba cerrada. Los caballeros que los esperaban con gran entusiasmo, cansados de tan larga espera y creyendo que ya no llegarían esa noche si no hasta la mañana siguiente, se habían retirado. Gracias al sentido previsor de don Antonio Izquierdo de Quirós  dejó a un criado suyo como centinela, por si acaso llegaran en cualquier momento de la noche y le avisara de inmediato. Y como así sucedió, el criado dio enseguida aviso como tenía indicado al reconocer a los viajeros por lo que inmediatamente llegaron a recibirlos  algunas personas en sus coche, aunque  en menos cantidad de la que las esperaban por la tarde, llegó nuestro devoto caballero don Antonio de Quirós en su coche con guardias y criados. El alcaide mandó que alzaran el rastrillo y que abrieran las puertas. Entró la comitiva por el puente y nos dice don Francisco de Villarreal:

Consoladísimos de ver el fin de nuestro viaje por tierra, sin haber tenido el menor azar y hallándonos todos con salud”…

Sor Martha Leticia

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