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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México VIII

Llamaron a las seis hermanas donde les hicieron saber el resultado de la elección, resaltándoles a su vez lo arduo de la empresa, lo arriesgado del viaje, la separación de la patria y familia, las nuevas obligaciones a las que tendrían que hacer frente y que no se sintieran comprometidas a aceptar, porque ni por el voto de obediencia tenían esta obligación. 

Se postraron y confesaron ser indignas de haber sido elegidas pero que aceptaban plenamente. No las detendrían ni padres, ni patria, ni las asustaban los riesgos y trabajos del viaje, ni las dificultades de una nueva fundación en tierras tan remotas. Y así, con este espíritu, saldrían de su convento en una mañana de primavera, hacia un nuevo mundo del cual no regresarían nunca.

Se envió al Consejo de la Gobernación el nombramiento de las religiosas con las cláusulas autorizadas del testamento y la carta de estar en Cádiz mil pesos para el pasaje. Así a la vista de todos estos requisitos se daría el visto bueno para acudir a Madrid y sacar la licencia del rey. Pero, ¡oh, no!, surgieron dificultades, resulta que el Consejo echó de menos la licencia del arzobispo de México y sin ella no se podía dar curso a la demanda. Difícil era remediar esta dificultad, ya que el arzobispo don Matheo Sagade Bugueiro, que había regresado a España, estaba ya designado para la iglesia de León, y poco después, para la de Murcia, así que era obvio que no volvería a México. Esperar a que el rey nombrase nuevo arzobispo de México suponía dilatar el viaje y perder la ocasión de hacerse a la mar ahora en compañía de los virreyes, marqueses de Mancera. Se acudió lo más pronto y acelerado remedio de que ratificase Sagade Bugueiro las licencias que había dado anteriormente, pues no estando enviadas las Bulas, no había cesado su arzobispado. Lo hizo así y de esta manera aceptó el cardenal de Toledo solicitar licencia del rey. Todo se agilizó al máximo y no hubo tardanza en conseguirla pero aún consiguiendo la licencia con la mayor presteza posible fue más breve la partida del marqués de Mancera, quien por orden de su Majestad sin aguardar flota, se embarcó en unos navíos merchantes de azogues por no ir galeones.

Sor Marta Leticia

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