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Primera Fundación de Clarisas Capuchinas en México I

I.    Todo lo que existe en la vida, incluyendo cada ser humano, tiene una historia; un comienzo por el que la vida religiosa con un carisma concreto no es la excepción. Quiero invitarles a vivir juntos una historia; un comienzo de lo que más tarde será una entrañable relación espiritual entre dos naciones, España y México, que gracias a la heroicidad y santidad de seis monjas capuchinas que salieron de su convento de Toledo, España, en 1665, lograron realizar, por voluntad de Dios, un sueño que parecía irrealizable, siendo tan real que sigue vivo hasta el día de hoy  en 72 monasterios de Clarisas Capuchinas existentes en México. 
No podemos conocer el final de un hecho sin antes conocer el origen, es decir la historia de cómo surgieron la Hermanas Clarisas Capuchinas en México. Les invito conocer esta hermosa historia, historia de amor, por El Amor.
 
II.    Primeramente, comencemos por conocer una brevísima historia de cómo dio inicio la Orden de las Hermanas Clarisas Capuchinas o Hermanas Capuchina, como se conocen mejor. La Orden dio inicio gracias a la fundación que hizo María Lorenza Llonc o Longo en la italianización del apellido de su marido, Juan Llonc, quien fue un alto funcionario de los Reyes Católicos en la corte de Nápoles. Pronto quedó viuda esta noble dama de la familia Catalana de los Rigvenca; enfermó de una grave enfermedad pero fue curada milagrosamente y ella en agradecimiento con Dios por haberla curado, vistió el hábito de la Tercera Orden Franciscana y fundó un Hospital en Nápoles en 1519, que existe en nuestros días. Luego acondicionó su casa para monasterio, viviendo ella con otras mujeres que se unieron al mismo ideal, observando primeramente la Regla de las Terciarias, que después a sugerencia de los Capuchinos, en 1538 abrazaron la Regla de las Clarisas de la primera observancia, es decir la Regla que hizo Santa Clara, se acomodó la forma de vida a las Constituciones capuchinas, aprobando esta Reforma en este mismo año el Papa Paulo III. La fundadora de esta nueva reforma, muere el  21 de Diciembre de 1542. Pronto se dejó ver el fruto de esta admirable mujer, pues empezó a expandirse por toda Italia esta nueva Reforma de la Orden de Santa Clara.
 
III.    El primer monasterio de Clarisas Capuchinas fundado fuera de Italia, lo fue en España y en Granada, en esta última fundada por Lucía de Ureña en 1597. La expansión en España tuvo su origen en Barcelona fundado por la venerable Ángela Margarita Serafina Prat; de este “fecundo tronco, nacen las incontables ramas que embellecerán en un futuro a un árbol frondoso”. A la muerte  de esta fundadora el 24 de Diciembre de 1608, hubo nuevas fundaciones en España, Gerona, Valencia, Zaragoza y Alava. Dos aventajadas discípulas de la madre Ángela Serafina, Sor Catalina de Lara y Sor Emerenciana y otras religiosas, fundan en otro monasterio en Madrid el 7 de Marzo de 1618, seguido de éste surgió otro convento, en Pinto. Pero antes tuvo lugar la fundación de Toledo que es el lugar que nos interesa, llegando a este lugar Sor Emerenciana Cupons, como Abadesa con otras 7 hermanas de la comunidad de Madrid. El 25 de Marzo de 1632, 8 religiosas formarían la primera comunidad de Capuchinas en Toledo.
 
IV.    El cimiento de este nuevo monasterio fue construido a base de grandes vicisitudes renuncias y sacrificios, dejándose ver ya esto desde que las ocho hermanas fundadoras, acompañadas de algunos sacerdotes y seglares, cuando ya emprendido el viaje a su nuevo convento de Toledo, les sobrevino una gran tormenta que uno de los coches tuvo una rotura, lo que les hizo regresar al convento de Madrid, hasta que pasara el mal tiempo y otros inconvenientes; cuando ya todo se había arreglado favorablemente, retomaron nuevamente el camino hacia Toledo. Llegado el atardecer se encontraban en Alarcón, donde pasaron la noche; al día siguiente continuaron el viaje, pero algo inesperado les hizo detenerse, pues en su camino una misiva llevada por un caballero de la Condesa de Olivares, suplicaba a la nueva comunidad, admitiera a dos de sus damas como religiosas: doña Ana María Pellicer y doña Manuela Tasugeras, accediendo a tal petición la venerable nueva comunidad, incorporándoseles estas dos damas que serían futuras capuchinas, pues hicieron su profesión solemne tiempo después. Y así después de tanto peregrinar en medio de grandes sorpresas, llegaban por fin a Toledo, su nueva casa, muy sencillamente, pues las capuchinas querían que fuera su llegada sin tanto alboroto y sin concurrencia de gente; lo que no lograron evitar fue que al día siguiente era Domingo de Pasión, y tuvieron que atender a muchas visitas de personas deseosas de ofrecer ayuda a las monjas que llegaban a su ciudad. Enseguida tuvieron que arreglar los pequeños problemas de obra para acondicionar la iglesia, ya que ese lugar era una casa de una Benefactora, doña Petronila,  que  gracias a ella se hizo tal fundación, siendo posible esto por iniciativa suya hacer tal petición; también se acomodó para coro, pues era tan bajo el techo que apenas cabían en pie las religiosas y una persiana sustituía a la reja.
 
V.   Durante el trienio de Emerenciana, como Abadesa, entraron diez y seis vocaciones, y al concluir este período, fue elegida como Abadesa Sor Luisa Francisca de Peralta, quien vio la gran necesidad de trasladarse a otro lugar, en efecto, la necesidad se imponía: las novicias cada día eran más, la humedad del convento se convertía en una grave inconveniente para la salud de las monjas. Con gran sacrificio y generosidad de algunos fieles devotos, pudieron poseer lo que sería su futura casa, pagando una parte al contado y el resto a plazos, así que se trasladaron en Septiembre de 1635, y como en su primera llegada, con discreción y sencillez, teniendo por domicilio, en la parroquia de San Andrés, junto a la calle llamada todavía del Pozo Amargo. La comunidad aumentaba y se extendía por la ciudad de Toledo la fama de santidad y observancia de las capuchinas en su nuevo convento.
 
VI.    La tranquilidad de la monjas se vio nuevamente perturbada por un nuevo suceso; sucedió que el Cardenal de Toledo, Don Baltasar Moscoso Sandoval, visitó a las capuchinas, viéndolo tan pobre, la iglesia pequeña y estrecha y reducida casa y con pocas limosnas y sin rentas, determinó cerrarlo y repartir a las religiosas en otros conventos, además, negaba el permiso para recibir más vocaciones.
Don Julián Fernández, confesor de las capuchinas, se  presentó ante el Cardenal para hacerlo cambiar de parecer; no le fue fácil lograr esto, pues el Cardenal Moscoso estaba muy tenazmente en su decisión; Don Julián le hizo saber que hasta el momento a las madres capuchinas, ningún día les ha faltado el alimento, con esto y con otras buenas palabras logró el confesor de las capuchinas que el Cardenal Moscoso Sandoval cambiara de parecer y en adelante el mismo Cardenal socorrió a las capuchinas en varias ocasiones. 

Sor Marta Leticia
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